El estrés y el sistema inmune

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El estrés y el sistema inmune

No es un secreto que nuestro sistema inmune es susceptible a las emociones y estímulos externos. Por ello, es importante entender que el estrés es una respuesta natural del organismo. Es decir, el estrés no tiene que ser algo necesariamente negativo si lo podemos sobrellevar y su duración es momentánea.

 

Al sufrir cambios importantes en nuestras vidas nuestro organismo hace grandes esfuerzos para adaptarse a los nuevos cambios. Esto necesariamente trae consigo situaciones de tensión que nuestro cuerpo traduce como una amenaza.

 

En este sentido, debemos comprender dos términos que tal vez no estén en nuestro imaginario colectivo pero ayudarán a comprender mejor la respuesta de nuestro sistema inmune: el eustrés y el distrés.

 

Distrés

 

El distrés lo podemos entender como el estrés negativo. Es aquella respuesta que tiene nuestro organismo ante una situación que supera los límites de nuestra normalidad. Es el más conocido y el que regularmente asociamos a los síntomas como cansancio, fatiga y desgaste psicológico. Como se sabe es provocado por conflictos o mucha presión laboral o escolar.

 

Eustrés

 

Por su parte, el eustrés se puede definir como el estrés positivo. Es aquella respuesta que el organismo tiene de modo natural cuando nuestro cuerpo debe hacer un esfuerzo extra para enfrentar ciertos estímulos. Este proceso es necesario a nivel biológico ya que nos ha servido, como especie, a adaptarnos a diferentes entornos.

 

Este tipo de estrés aparece en situaciones como estudiar para un examen o el esfuerzo limitado que realizamos para una actividad laboral exigente. Lo podemos percibir, incluso, como una sensación agradable que nos hace ser más eficaces.

 

El sistema inmune

 

No existe, sin embargo, un estudio que afirme que el estrés afecta directamente a nuestro sistema inmune. Sin embargo, es innegable que existe una relación entre salud emocional y salud física. Una situación estresante puede provocar la aparición o aceleración de ciertas enfermedades y, de forma indirecta puede conducir a hábitos poco saludables como beber fumar o dormir poco.

 

Nuestro sistema inmune resentirá estos cambios y tendrá una respuesta a este sobreesfuerzo. El cuerpo se debilitará bajando nuestras defensas y facilitará la entrada de entes patógenos. Eso podrá concluir en gripes, resfriados, herpes, problemas cutáneos, e incluso tumores.

 

 

FUENTE: deGrisaVerde

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